WORAKLS ORCHESTRA EN RAZZMATAZZ: ELECTRÓNICA QUE RESPIRA COMO UNA SINFONÍA EventsMusicBCN 10 abril, 2026 Últimas novedades El pasado jueves 9 de abril, la sala Razzmatazz de Barcelona se transformó en un espacio donde la electrónica adquirió cuerpo orgánico. Worakls presentó su formato orquestal en un concierto de casi dos horas que desdibujó las fronteras entre club y auditorio, entre la pista de baile y la emoción sinfónica. Uno de los grandes impactos del show fue la puesta en escena. Worakls no actúa solo: lidera una formación que, en su formato “Orchestra”, suele rondar los 20 músicos en directo. Sobre el escenario de Razzmatazz se desplegaba una formación amplia y muy visual: Sección de cuerdas (violines, viola, cello) Piano y sintetizadores Percusión híbrida (acústica y electrónica) Dirección desde el propio Worakls, alternando entre teclados y control digital La disposición recordaba más a un ensemble de cámara que a un live electrónico, pero con una potencia sonora pensada para club. Una orquesta dentro de un club Sobre el escenario, la propuesta imponía incluso antes de sonar. Worakls no venía solo: lo acompañaba una formación amplia, cercana a la veintena de músicos, ocupando el escenario como si fuera un ensemble de cámara trasladado a un entorno de club. Cuerdas, piano, percusión y electrónica convivían sin jerarquías aparentes, aunque todo giraba alrededor de la figura de Worakls, dirigiendo y ejecutando a la vez. Desde el inicio, la propuesta se construyó sobre una formación amplia y rica en matices: guitarras, sección de cuerdas con violines especialmente protagonistas y vocalistas que aportaban profundidad y textura. Lejos del formato habitual de DJ set, lo que se vivió en Razzmatazz fue una narrativa musical continua, sin interrupciones, donde cada pieza se enlazaba con la siguiente en una progresión hipnótica. Un lleno que respiraba distinto La sala principal rozaba el lleno, con una asistencia que se movía cómodamente en cifras de gran formato —varios miles de personas—, pero lo realmente inusual no era la cantidad, sino la calidad de la escucha colectiva. Desde los primeros minutos se percibía algo distinto: Conversaciones que se apagaban en cuanto aparecían las primeras cuerdas Teléfonos en alto, sí, pero sin romper la concentración Un público que no necesitaba estímulo constante para permanecer dentro Worakls, al frente con su piano y su mesa de mezcla, actuó como eje central de este diálogo entre lo analógico y lo digital. Su presencia no se limitó a la dirección: interpretó, moldeó y condujo cada momento, dotando a las composiciones de una dimensión más humana y cercana. Temas como Lueur o Porto emergieron como puntos álgidos de la noche. En directo, estas piezas adquirieron una nueva vida: los arreglos orquestales amplificaban su carga emocional mientras las bases electrónicas mantenían un pulso constante que conectaba directamente con el público. La sala respondió con una energía sostenida, atrapada entre la contemplación y el movimiento. Lo vivido en Razzmatazz no fue únicamente un concierto, sino una declaración artística. Worakls reafirmó su capacidad para expandir los límites de la música electrónica, llevándola a un terreno donde la emoción, la técnica y la puesta en escena conviven con naturalidad. CRÓNICA: ANA EVENTSMUSICBCN Hacer ComentarioSu dirección de correo electrónico no será publicada.ComentarioNombre* Email* Sitio Web Guarda mi nombre, correo electrónico y web en este navegador para la próxima vez que comente. Δ